UN LIBRO de la escritora Fatema Mernissi (El harén de Occidente)


El haren en Occidente

UN LIBRO de la escritora Fatema Mernissi  (El harén de Occidente, Espasa, Planeta Colombia, traducción de Inés Belaustegui Trías).

Ha causado sorpresa que esta feminista y socióloga musulmana que compartió el Premio Príncipe de Asturias con Susan Sontag en 2003,  haya optado por permanecer en su país de origen, alejada de los privilegios y libertades de las que tanto nos jactamos en Occidente, aunque leyéndola, particularmente El harén de Occidente, se despeja la incógnita. Sus libros poseen el encantamiento de las fábulas y la fuerza narrativa de las historias realmente vividas con sueños en el umbral es un puente tendido entre dos culturas: la europea y la magrebí.

Nacida en Fez, Marruecos, en 1940, en el interior de un harén, Fatema no comparte la noción de “libertad” de la mujer occidental, ni entiende nuestro raro afán por divorciar la belleza de la inteligencia, virtudes que, según la cultura musulmana, no pueden existir por separado: “A diferencia de los califas (dice Fatema), como Harún al-Rasid, que confundían belleza con educación sofisticada y que estaban dispuestos a desembolsar sumas astronómicas para contar siempre con alguna jarya (esclava) inteligente en sus harenes, la mujer ideal de Kant es la que no abre la boca (…)- y cita textualmente a Kant: “A una mujer con la cabeza llena de griego, como la señora Dacier, o que sostiene sobre mecánica funciones fundamentales, como la marquesa de Chatelet, parece que no le hace falta más que una buena barba.”

El velo, lo sabemos bien, es la restricción impuesta a las mujeres en el Islam, símbolo de sujeción a la dictadura patriarcal y durante mucho tiempo, las mujeres occidentales han sido lo bastante ingenuas para vanagloriarse de su “liberación” para  compadecer a sus hermanas veladas, pero… ¡oh sorpresa!: “Mientras los ayatolaes consideran a la mujer según el uso que haga del velo, en Occidente son sus caderas orondas las que las señalan y marginan a las mujeres. Las musulmanas se someten al ayuno solo durante el mes del ramadán, pero las desgraciadas occidentales tienen que estar a dieta los doce meses del año. Quelle horreur! La diferencia básica entre musulmanas y cristianas, consiste en que el velo de las segundas es invisible. El ayatolá de las mujeres occidentales, es, pues, la anorexia… y su extremismo, la moda.

El horror de Fatema hacia la esclavitud de las occidentales, a quienes se les impone la pasividad de las ideas como norma de belleza, alcanzará el cenit cuando, curioseando en los grandes almacenes de Nueva York, descubre que sus caderas no caben en la talla más grande disponible en la boutique, las mujeres occidentales de hoy, con estudios y formación, se encuentran en la misma tesitura de las esclavas de un harén (…) ¡Gracias Alá por ahorrarme la tiranía del harén de la talla treinta y ocho! (…)”

Fatema Mernissi llegó a Occidente para desmentir los mitos en torno a las musulmanas a las que alguien denominó “cretinas” por “dejarse esclavizar”, también para reflejarnos a los occidentales o cristianos en el espejo crítico de su mirada. Espejo, hay que decirlo, no opaco sino lleno de ternura y simpatía por sus congéneres oprimidas por la dictadura de la talla treinta y ocho. “El harén de las mujeres occidentales es la talla 38”, la Mernissi ironiza acerca de la oposición entre mujeres occidentales liberadas / mujeres orientales oprimidas, señalando cómo los cánones consumistas de belleza occidentales (delgadez, dietas, etc) se convierten también en un elemento represivo para las mujeres del Norte.

¿Por qué los hombres occidentales sueñan con un ideal de belleza femenina tan diferente del de los hombres orientales? La madre de Fatema soñaba para sus hijas una vida emocionante, una mujer feliz es aquella que podía ejercer toda clase de derechos, desde el derecho a moverse hasta el derecho a crear, competir y retar y, al mismo tiempo, sentirse amada por hacerlo. El mecanismo del hogar de Yasmina, según ella, resulta mucho más civilizado y práctico que el que impera, por ejemplo, en los países donde el adulterio de ambos y la violencia intrafamiliar son habituales cada día.

Comentario: Nunca dejas de sorprenderte de los conceptos que tenemos y de los que tienen los demás sobre el mismo asunto, que visto desde una óptica diferente ofrece matices que habíamos omitido o tergiversado.  Parece que juzgar sin estar involucrado aunque sea de forma imparcial, puede dar lugar a formidables errores.

Bueno es pequeño

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