DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS SOBRE LA TORTURA.


TORTUA MILITAR.

Declaración Universal de Derechos Humanos. Prohibición de la tortura.

El Día Internacional de Apoyo a las víctimas de la Tortura se celebra el  veintiséis de Junio. La tortura está condenada en el artículo 5 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, también lo están por  diversas normas jurídicas nacionales e internacionales:

  • Convenio europeo para la protección de los Derechos Humanos y Libertades fundamentales.
  • Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
  • La Convención contra la Tortura y otros tratos Contra la Tortura  y Otros Tratos o Penas Crueles Inhumanas o Degradantes.
  • La Constitución de varios países.

La tipificación del delito varía según la jurisprudencia de cada país, más de manera genérica se considera tortura a efectos penales: «las acciones cometidas por funcionarios o autoridades, o al consentimiento explícito o implícito por parte de las mismas para que terceros las ejecuten, con el objetivo de obtener una confesión o información de una persona, así como el castigo físico o psíquico que suponga sufrimiento y suprima o disminuya las facultades del torturado o de cualquier manera afecten a su integridad moral».

En el mundo, existen ONGs, que se movilizan para ejercer una presión sobre los Estados que practican la tortura, como son Amnistía Internacional y la Organización Mundial Contra la Tortura.

La tortura física o  psicológica,  se realiza para causar daño  de forma intencional a las personas, con el objetivo de:

  • Obtener confesión o información de la víctima o de  una tercera persona.
  • Por venganza por un hecho cometido por la víctima o por una tercera persona,
  • Por sadismo del torturador.

Los daños físicos y psicológicos se pueden causar de formas varias. En general, lo que se busca con la tortura es la ruptura de la autoestima y la resistencia moral del detenido, con el fin de que el interrogador acceda fácilmente a sus deseos, sean estos cuales sean.

La historia están llena de desagradables sistemas de tortura, e incluso después de haberlos torturados suspendían su cuerpo de un poste o de una cruz vivos, la historia  asegura que la cruz servia de medio para le tortura, con este medio lo fueron los miles de personas que murieron de esa forma cruel, y en muchos casos en duda de culpabilidad. La cruz, era el suplicio ordinario: condenaban a ella a los esclavos y a las gentes de la más baja y vil condición. Lo cual era además de infamante discriminatorio, ya que este castigo estaba destinado solo a los humildes y pobres, no era valido para los ricos. En Atenas y Roma se castigaba a los traidores de la patria precipitándoles desde una roca, y en Atenas a un foso profundo.

Se colgaba también a los reos unas veces de un poste, otras de un árbol y solían vendar la cara del criminal durante el suplicio. En ocasiones los suspendían a los reos de un pie y les ataban un peso al cuello, hasta que expiraban. Este suplicio era infamante, vergonzoso, y sorprende que los que los pontífices prohibieran enterrar los cadáveres de aquéllos que lo hubiesen sufrido.

Más la crueldad llega a sorprender, pues la ordenaban iglesias, creencias religiosas y sacerdotes:

.- Los rabinos suspendían vivo como castigo a los calumniadores e idolatras, la lapidación estaba reservada para los blasfemos. Hacían cortar la cabeza, aserrar en dos partes del cuerpo del reo y precipitar a éste desde lo alto de una torre o de una roca, arrastrarle sobre espinas, o arrancarles los ojos y los cabellos.

.- La Ley de Moisés condenaba a la pena del fuego a aquél que se hubiese casado con la madre y con la hija y condenaba a las mujeres al mismo género de muerte.

.- Las torturas para obtener confesiones a los sospechosos de herejías o como castigo, eran sumamente crueles e injustificadas. Así  hubo personas que fueron sacrificadas en honor de dioses en diversos continentes, o condenados en la “civilizada” Europa a la hoguera por brujería, cuando eran enfermos mentales u objetivo de acusaciones banales o falsas,  y miles de cataros, fueron acusados de herejía y quemadas en Francia ante la complacencia del rey y de los jerarcas  eclesiásticos, o el caso de los últimos templarios  que fueron acusados de idolatría y puestos en prisión cuando se buscaba los legendarios tesoros que se suponía poseían estos soldados monjes. O los excesos de la Inquisición con sus inventos de medios de torturar, que se expandió por Europa y salto al Nuevo Mundo.

También llegaron y llegan desde el Estado, en sus formas de policía y ejército:

El  suplicio de la rueda  aplicado en Alemania y se dispuso contra los ladrones de camino real. Eso si, la mujeres no fueron condenadas a él nunca por razones de decencia. (Una consideración absurda pues las mujeres no eran asaltantes). Son tristes historias de tiempos pasados, de torpeza humana de ambiciones y soluciones donde los errores producían injusticias en nombre de la justicia.

Hoy persisten las torturas basándose en la justificación “legal” del uso de la tortura por los regímenes que la practican, con base a la anulación de la protección jurídica del detenido.  Este es el caso de acusados de terrorismo o actividades políticas subversivas, como es el caso de muchas dictaduras históricas, como el nazismo y el fascismo, donde la acusación contra alguien por algo tan humano como ayudar a los presos o perseguidos políticos o racistas, se consideraba subversivo y enviaban por veinte años a prisión a los miembros de una organización acusados por actuaciones contra la seguridad del Estado o se les ponia frente a un pelotón de fusilamiento tras dias de interrogatorios con castigos.

Famosos fueron durante la llamada guerra fria los sistemas de la CIA y de la KGB, para obtener información de los detenidos mediante drogas.

En la actualidad la actuación de algunos ejércitos en guerras vigentes, son de un sadismo salvaje impropia del razonamiento de seres humanos, que se argumenta con varios propuestas endebles, que la fuerza de las armas y la falta de razón hacen asentir a políticos que no defienden la justicia, sino que buscan el placentero confort en permanencia del sillón benefactor.

  1. Se establece que el detenido no tiene la condición de prisionero de guerra bajo el amparo de la convención de Ginebra, lo que justifica porque no lleva uniforme que lo distinga como combatiente, sus líderes no son accesibles ni están reconocidos como posibles negociadores de una paz y las hostilidades que su grupo practica son guerra irregular que viola todas las leyes de la guerra.
  2. Se establece que el detenido es un delincuente común de alta peligrosidad, cuya acción criminal extraordinaria ha obligado al gobierno a emplear la fuerza armada para detenerlo y como ha sido detenido por la fuerza armada, tiene que ser interrogado preliminarmente por ésta antes de ser puesto a disposición de policías comunes y magistrados.
  3. Con total hipocresía, se “olvida que estas operaciones” se hacen injustamente  y no tiene limitación normativa alguna. Así, en el escenario de una revuelta en un país cualquiera que el dictador considera “por los enemigos del Estado” impone la excepción dando cobertura para que las fuerzas armadas puedan operar sin ser molestados por situaciones judiciales.
  1. El interrogatorio militar o policial extraordinario no forma parte de la acción penal, no tiene jurisdicción en ella, pero el detenido no es tampoco un prisionero de guerra que  lo ampare el Derecho Internacional Humanitario.
  2. El interrogatorio de la contrainteligencia se realiza bajo un espacio de indefensión total del detenido, y está indefensión jurídica del detenido, es la condición básica para que el interrogatorio de inteligencia tenga éxito.

La tortura es un exceso degradante, del que se puede obtener declaraciones sin ningún valor, porque cualquier sometida a  torturas continuos durante dias, meses o años es capaz de reconocerse autor de cualquier cosa, de acusar a otros ó asimismo con tal de dejar de sufrir, o firmar en blanco para conseguir la promesa de que a su familia la van a respetar. Por tanto la declaración obtenida no tiene valor legal, aunque por ello le pueda costar además la vida.

Las penas injustas y actos de tortura, son vigilados a nivel mundial por el Comité contra la Tortura, qie es el órgano de expertos independientes que supervisan la aplicación de la normativas de la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles Inhumanas o Degradantes, los Estados Partes, deben presentar al Comité informes periódicos sobre si se respetan los derechos, examinan los informes y expresan sus preocupaciones y recomendaciones al Estado Parte en forma de “observaciones finales”.

La Convención establece otros mecanismos mediante los cuales el Comité desempeña sus funciones de supervisión, y examinan las denuncias a los Estados. El Comité reside  en Ginebra, celebra sesiones y publica su interpretación del contenido de las disposiciones de derechos humanos, en forma de observaciones generales, sobre cuestiones temáticas.

Algunos países no están en la Convención y solo por ello ya son sospechosos de violación de los Derechos Humanos. Todas las organizaciones, incluso los particulares  pueden enviar las denuncias o comunicados que afirmen se ha atentando contra los derechos consagrados en la Convención. Aquello que se conoce se puede solucionar o paliar. LA INTOLERANCIA DE TODOS A LAS TORTURAS, DEBE SER UNA ACTUACIÓN PERMANENTE DE DENUNCIA, CRITICA  Y REPULSA.

Bueno es pequeño

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