Una lección del Senado de EEUU


Senado USA

Leo en la prensa que el Senado de los EE.UU. ha aprobado una resolución en la que pide perdón a los afroamericanos por los años de esclavitud a que fueron sometidos. Perdón, palabra mágica que trata de lavar literalmente la opresión, el dolor, la muerte pero que como un bálsamo alivia al menos a las victimas o a sus descendientes y lo más importante pone en evidencia a los contemporáneos que todavía la permiten o no la reconocen como un mal social horroroso.

En dicha resolución se nombra a la guerra civil, a las leyes racistas hasta 1960, se cita a Geroge W. Bush  y Bill Clinton, se reconoce los principios básicos de todo ser humano y el derecho a la búsqueda de la felicidad.  Casi sin querer me vienen a la mente preguntas sin respuesta en el año 2009:

¿Cuándo podremos citar a dos presidentes del Gobierno español en una resolución que proclame un principio tan esencial como es el de la condena a la guerra civil ? ¿cuándo terminarán los recuerdos macabros de nuestra guerra civil enterrados en cunetas de caminos rurales? ¿cuántos años tienen que pasar para que en España haya una resolución parecida a la del Senado de los EE.UU. sobre nuestra guerra civil?

La respuesta no está en el viento, ni en nuestros corazones, ni en las iglesias. La respuesta está, mal que nos pese, en la razón que es lo único que realmente nos diferencia de los no racionales.

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Un comentario en “Una lección del Senado de EEUU

  1. Será reconfortante para los descendientes de aquellos esclavos, más los sufrimientos, las penas, los llantos de aquellas pobres gentes, son irreversibles, permanecerán por siempre en el recuerdo.

    Entretanto las familias esclavistas, que hicieron grandes fortunas con la explotación humana, traspasaron sus bienes a sus descendientes, que se encuentran en la comodidad y opulencia, relacionados con la alta sociedad, todas las alegrías y satisfacciones en la vida, las enormes fortunas se mantienen o crecieron. Por tanto la injusticia permanece.

    Pedir perdón es de una significación escasa, si nosotros tropezamos con alguien en la calle ó en el ascensor, pedimos perdón y se nos concederá, pero si durante años y años les he azotado las nalgas, pedir perdón es un detalle, nunca una satisfacción.

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