El horror banalizado


Mirada impia

La mente del hombre es capaz de cualquier cosa, porque está todo en ella, tanto el pasado como el futuro.

(Joseph Conrad, “El corazón de las tinieblas”)

Parece arrancado de una película gore, con chorros de sangre, caras desdibujadas por la maldad, ojos pavoridos por el horror de una víctima regordeta y sonriente pero, no, es la cruda realidad cotidiana de los accidentes laborales y la banalidad del mal que empapa a muchos congéneres nuestros.

Amables horneros que amasan nuestro pan de cada día  animados por el ejemplo que nuestros ilustres triunfadores paseantes por las tribunas, las poltronas y demás asientos del poderío, donde todo está justificado, la corrupción, el latrocinio, el insulto, si al final llega el triunfo en la cuenta de resultados o en las elecciones políticas.

Frans Illes, boliviano, después de dos años trabajando para los mismos seres “humanos”, 12 horas diarias durante seis días a la semana , no pudo despertar en ellos el más mínimo atisbo de piedad, humanidad, misericordia. Le arrancan el brazo y lo tiran a la basura, como tiraron la masa de harina ensangrentada, basura. Es el horror al que nos estamos acostumbrando, como si fuera el pan nuestro de cada día, el horror.

2 comentarios en “El horror banalizado

  1. No entiendo bien lo que quieres decir con “El horror banalizado”. El horror no puede ser banal. Lo que le hicieron a ese nombre es inhumano, pero no banal. De hechos inhumanos está llena la historia. ¡Que imperfectos somos!

  2. Lo trivial y común hace que se pierda nuestra capacidad de asombro y reacción.
    Si vemos que un coche se detiene ante un peatón que cruza no nos asombra, pero si lo atropella sí.

    Yo pienso que en la mente humana existe algún mecanismo para trivializar las acciones repetitivas de tal modo que no estemos contínuamente estresados y si a esto se añade lo que n/profesor Lison llamaba el individualismo exacerbado el resultado puede ser lo que ha ocurrido en la fábrica de pan: se ha perdido la capacidad de inquietarse por el mal que se ha hecho.

    Banalizar el horror es perder esa capacidad de inquietarse por el mal que hacemos al otro.

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