El extranjero, Albert Camus


En los años noventa, leía por primera vez “El extranjero” de Albert Camus, y esta historia no me impactó gran cosa. Posteriormente, en una tertulia sobre libros en la radio, escuché la recomendación de ese texto, lo volví a leer y me sorprendió desde un principio el extraordinario valor del mismo. A lo largo del tiempo que duró lectura, sentía un gran placer en volver a lo leído el día anterior, deseaba con avidez, no perder un solo detalle. El protagonista Meursault me interesaba, Camus de una manera magistral con breve trazos iba describiendo la personalidad de ese ser tan poco comunicativo, carente de ambición que por una serie de hechos fortuitos iba a cometer un asesinato y en su proceso judicial, toda su manera de actuar en la vida iba a ser utilizada por el fiscal como agravante a la hora de juzgar el asesinato cometido.

La historia comienza con la muerte de su madre, recibiendo la noticia sin exteriorizar emoción alguna. Posteriormente, la vida le cruza en su camino a Marie, antigua compañera de trabajo, con la que mantiene una relación amorosa llena de silencios. Su vecino Raymond, de vida dudosa, un día requiere su ayuda y él accede. Atiende a su vecino Salamano, hombre de vida solitaria que tiene como único acompañante un perro al que maltrata. Posteriormente Raymond en agradecimiento a la ayuda que le había prestado, le invita a Meursault y Marie, a pasar juntos un domingo en la cabaña que posee un amigo en la playa.

El protagonista pasa uno de los días más felices de su vida, gozando del mar y de la luz. Y de manera fortuita ese día en un paseo con Raymond se ven perseguidos por unos árabes que tienen cuestiones personales con éste. Meursault, curiosamente, le aconseja que no utilice el revolver que lleva Raymond en su poder y para evitar males mayores le pide le entregue el arma.

Paradójicamente, pese a no ocurrir nada, Meursault a la hora de la siesta y huyendo del bullicio existente en la cabaña, decide dar un paseo en solitario y de manera casual, vuelve a toparse a uno de los árabes que les seguían por la mañana y se percata que todavía obra en su poder el arma. De siempre le ha afectado, el fuerte calor del mediodía y la centelleante luz y sin explicarse el porqué empuña el revolver y dispara repetidamente. Es entonces cuando se dice asimismo: “Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz”.

Posteriormente se desarrolla el proceso, lleno de despropósitos y de silencios, con actitud estoica por parte del protagonista, reflexionando profundamente sobre el valor de la vida y siendo consciente como le dice al capellán cuando requiere su confesión que “…era culpable, pagaba, no se me podía pedir más”.

Juan Catalá

Un comentario en “El extranjero, Albert Camus

  1. Juan he leído con satisfacción tu primera entrada a este blog. Bienvenido y animo. Esta muy bien.

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