INMIGRACIÓN


(Con la asesoria de Nuria Yubero Bascuñana, Antropóloga)

La inmigración nos ha cogido por sorpresa, y esto a conllevado a pensar que tenemos que actuar rápido ante “el problema” que se nos avecina, y a un recelo generalizado en la población autóctona de que los inmigrantes lo que vienen es a participar de los beneficios sociales que tanto tiempo nos han costado conseguir

Como dice Thomas “cuando definimos algo como real, se vuelve real en sus consecuencias”, esto ocurre con la población inmigrante: definirla como un problema acaba convirtiéndola a ella misma en problemática y, en último termino como sospechosa, afectando a nuestra percepción de control, así enseguida surgen estereotipos para intentar hacernos cargo de una realidad que a priori,  es concebida como amenazante. En torno al fenómeno de la inmigración han surgido muchos estereotipos, todos construidos solo a partir de algunos datos de la realidad, pero la gran mayoría generados desde un imaginario social temeroso por la llegada de lo diverso, sirvan de ejemplo: Vienen a quitarnos el trabajo. El acceso a los beneficios sociales por parte de los inmigrantes reduce los  de la población autóctona. Vienen en avalancha por el efecto llamada, pues tenemos legislación y complacencia que les invita a venir. Deberíamos permitir quedarse solo a los integrables. Con ellos aumento significativamente la delincuencia y la inseguridad……y un largo etc.

El Banco Mundial, informa que en el África sub-sahariana un 44% de la población vive al día con menos de 400 de €uros anuales, y que España tuvo en 2005 una renta, habitante-año de 25.360 $, esto es 63 veces  superior a la de esta región africana, esta enorme diferencia económica, es la principal motivación que induce a iniciar la aventura de la emigración. La  inmigración irregular permanece por un flujo que aporta cada día nuevos efectivos. Llegan hombre y mujeres en su mayoría jóvenes de 18 a 30 años en busca de empleo, de otra oportunidad, de la esperanza de un mundo mejor.                                              

Gracias al desarrollo económico, España es ahora receptora de inmigrantes de la Unión Europea. Al 30 de septiembre de 2006 había en España 2.597.014 autorizados, y unos 800.000 ilegales. El pronostico que la Universidad de Barcelona, hace a través de su Catedrático de Economía Aplicada D. José Oliver, es que para el año 2020, serán precisos 6.600.000 nuevos trabajadores inmigrantes. Las comunidades autónomas con mayor número de inmigrantes son Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana, Andalucía. Las Islas Baleares y Canarias.

El inmigrante es generalmente un hombre ó una mujer, sano, joven en edad laboral, los temas de salud no son prioritarios para los emigrantes, excepto si les impide trabajar. Los determinantes de su salud se derivan de la situación que vive en el país de acogida, lo que incluye aspectos como: Residencia, trabajo, falta de información o    problemas de comunicación relacionados con el idioma y las diferencias etno-culturales. Estos condicionantes pueden dar lugar a situaciones de hacinamiento, marginación, soledad, … etc. que los convierte en una población vulnerable. 

 

 Las personas de un estado civilizado pueden ser dividas en muchas clases diferentes; sin embargo para investigar la forma en que disfrutan o son privados de los elementos que favorecen la salud de sus cuerpos y mentes, solo necesitan dividirse en dos clases, ricos y pobres” Charles Hall, 1805.

Dos siglos después de esta declaración esta diferencia sigue vigente, así en la llamada inmigración de elite, protagonizada por personas de alto nivel socioeconómico, con similitudes culturales con las del país receptor, compuesta mayoritariamente por profesionales, técnicos, estudiantes o jubilados con alto poder de renta y que no despiertan rechazo entre la población autóctona gozan del mismo nivel de salud que la población en general.

Por el contrario los inmigrantes que proceden de países con altos niveles de pobreza, con situaciones generalizadas de desigualdad e injusticia social, donde son nulas las posibilidades de promoción personal, familiar y laboral, y se suceden permanentes violaciones de los derechos fundamentales de las personas, salen de su entorno natural y arrastran consigo en muchos casos problemas de la pobreza y que son básicamente fruto de una serie de condicionantes externos nocivos (mala alimentación, insalubridad del agua, hacinamiento, problemas de higiene, …etc). Cuando llegan a nuestro país asumen otros condicionantes de salud diferente, pero en ocasiones igualmente nocivos y comprometedores de supervivencia, sobre todo si quedan excluidos de los beneficios del llamado del llamado estado del bienestar. Muchos llegan en lamentables condiciones físicas, una vez dentro del territorio español, con ingresos bajos, discriminación  racial, social, precariedad laboral; viviendas sin condiciones o hacinados y sometidos a trabajos de gran esfuerzo físico, su salud se va a deteriorar. Sus condiciones de vida post-migratoria, en aspectos como la habitación son de  condiciones deprimentes, sin higiene. Algunos duermen bajo un  puente  o junto a la vía férrea, con cartones como colchón y abrigo.

 

Estas desigualdades ensombrecen el panorama mundial, prácticamente en todas partes los pobres y los marginados sufren de mala salud, y los muy pobres lo sufren de manera abrumadora. Las diferencias entre ricos y pobres siguen siendo enormes, como lo son también entre grupos definidos, por ejemplo:  Etnia, nivel cultural, clase social o lugar de residencia. Afrontar este problema, es uno de los principales retos del nuevo siglo. Si no se soluciona tendrá muy graves consecuencias para la economía mundial, para el orden, la justicia social y para la civilización en su conjunto,

 

Con el fin de llamar la atención  a la humanidad, sobre el hecho de que los inmigrantes en su mayoría proceden de la pobreza crónica y que, tras su salto migratorio al mundo rico, y a pesar de mejorar en muchos casos notablemente sus niveles de renta, permanecen en la pobreza, por largo tiempo. Amaya Sen, Premio Nóbel de Economía, llama la atención sobre el hecho de que es importante reconocer el papel decisivo de la riqueza en las condiciones de vida, pero también lo es comprender el carácter condicionado y contingente de esta relación.

Podríamos afirmar que, por lo general, son las segundas generaciones, es decir los hijos de los que emigraron, quienes con mayor claridad disfrutaran de los beneficios del desarrollo, siempre que los procesos que se derivan de la integración social se hayan producido adecuadamente.

 

La sociedad en este caso específico de los inmigrantes debería discriminar positivamente a este colectivo, poniendo en marcha programas prioritarios sociales dirigidos a los problemas presenta con mayor intensidad o mayor frecuencia que el resto de la población (precariedad laboral, hacinamiento, desarraigo,…etc). En nosotros se deposita la responsabilidad de una digna acogida, con ética de ayudar al otro, al desamparado que huye de la miseria.

Florián Yubero

 

 

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