FRAY LUIS DE LEÓN


 

‘Decíamos ayer…’

Este ilustre personaje es uno de los más queridos y respetados, tiene dedicadas en su recuerdo calles y plazas con su nombre y estatuas en reconocimiento a su labor y valor de su obra literaria y su coraje como ser humano, en las escuelas este autor es de obligado estudio. Un ejemplo de cómo las personas pueden ser injustamente acusadas y de cómo en su espíritu de paz supo perdonar sus innecesarios sufrimientos

        Fray Luis de León,  Nació en 1527 en la bella ciudad de Belmonte,  conocida por su bien conservado castillo en la mancha conquense, falleció en Madrigal de las Altas Torres,  (1591) fue poeta, humanista y religioso agustino. Fray Luis de León es uno de los escritores más importantes de la segunda fase del Renacimiento español forma parte de la literatura ascética de la segunda mitad del siglo XVI. Su poesía está inspirada por el deseo del alma de alejarse de todo lo terrenal para poder alcanzar a Dios, identificado con la paz y el conocimiento. Los temas morales dominan toda su obra.

Hijo de rica e influyente familia; su padre ejerció como abogado y juez. Entre sus antepasados contábanse algunos judíos conversos a la fe católica. Cuando cumplió los catorce años, marchó a estudiar a Salamanca, ciudad que constituyó el centro de su vida intelectual, ingreso en 1542  en la Orden de los Agustinos. Estudió filosofía con y teología. Bachiller en Toledo y doctor en Teologia. En 1561 compite por una cátedra vacante de teología en Salamanca, ganando el puesto al desplegar su enorme talento. En marzo de 1572 fue detenido por la Inquisición y encarcelado en los calabozos que en Valladolid tenía el Santo Oficio. Los cargos que había contra él tenían que ver con su predilección por la Biblia hebraica en lugar de la Vulgata y la traducción al castellano que había realizado del libro del Cantar de los Cantares. Del proceso de la Inquisición contra Fray Luis ha llegado hasta nosotros y de los cargos que se le imputaban:   

 

‘En la ciudad de Salamanca a diez y siete días del mes de diciembre de mil e quinientos e setenta e un años, ante el muy magnífico e muy Rdo. señor maestro Francisco Sancho, comisario deste Santo Oficio….. Item declaró que sabe anda en lengua vulgar el libro de los Cánticos de Salomón, compuesto por el muy Rdo. padre maestro fray Luis de León, porque lo ha leído este declarante. Item declaró que en esta Universidad algunos maestros, señaladamente Grajal y Martínez, y fray Luis de León, en sus paresceres y disputas quitan alguna autoridad a la edición de la Vulgata, diciendo que se puede hacer otra mejor y que tiene hartas falsedades…            

Durante cinco años Fray Luis permanece aislado en una celda de la Inquisición sin saber quién le acusaba, y durante algún tiempo, de qué se le acusa. En  donde escribirá algunos de sus mejores y más famosos poemas, como aquel que comienza: Aquí la envidia y la mentira / me tuvieron encerrado. /Dichoso el humilde estado / del sabio que se retira /de aqueste mundo malvado/     y con pobre mesa y casa / en el campo deleitoso / con sólo Dios se compasa, / y a solas su vida pasa / ni envidiado ni envidioso

La labor de traducción bíblica de Fray Luis se centra en el Cantar de los Cantares, pero también en el libro de Job y en algunos Salmos, son todo libros sapienciales y compuestos en su forma original en poesía,  Aquí es donde se aprecia el alma a la vez poética y espiritual de Fray Luis, que es un enamorado de la Sagrada Escritura y de la poesía. En 1576 sale libre del proceso con más vigor y energía moral que antes, si bien su salud queda quebrantada. Famosa se ha hecho la frase de su vuelta a la cátedra de Salamanca con aquel: ‘Decíamos ayer…’ que indica su triunfo interior contra la maldad de sus enemigos. Tras obtener la cátedra de Sagrada Escritura en 1580 y ser elegido provincial de su orden en Castilla muere en Madrigal de las Altas Torres.

Fray Luis que tiene conocimiento del hebreo explora el campo semántico de las palabras para verter al castellano el espíritu original de los textos antiguos. Su intención es facilitar el conocimiento de los textos sagrados con el deseo de alcanzar “el bien de los demás y la verdad pura”. En su traducción describe en el prólogo:                    

Lo que yo hago en esto son dos cosas: una es volver en nuestra lengua, palabra por palabra, el texto de este libro; y la segunda declaro con brevedad no cada palabra por sí, sino los pasos donde se ofrece alguna oscuridad en la letra, a fin que quede claro su sentido así en la corteza y sobrehaz, poniendo al principio el capítulo todo entero, y después de él su declaración. Acerca de lo primero procuré conformarme cuanto pude con el original hebreo, cotejando juntamente todas las traducciones griegas y latinas que de él hay, que son muchas, y pretendí que respondiese esta interpretación con el original, no sólo en las sentencias y palabras, sino aun en el concierto y aire de ellas, imitando sus figuras y maneras de hablar cuanto es posible a nuestra lengua, que, a la verdad, responde con la hebrea en muchas cosas.”

En la cárcel escribió De los nombres de Cristo y varias poesías entre las cuales Canción a Nuestra Señora. Al salir de la cárcel fue nombrado profesor de Filosofía Moral y un año más tarde obtuvo la cátedra de la Sagrada Escritura. En Salamanca se divulgaron las obras poéticas que el agustino componía como distracción, y atrajeron las alabanzas los humanistas.

También se afirma que, tras esos cuatro años de cárcel, empezó la primera clase de este modo: Dicebamus hesterna die… (es decir, ‘Decíamos ayer…’), escribió hermosos poemas a la noche y a las estrellas, a la música en el espíritu y a la curiosidad intelectual, en particular interés por la astronomía y la naturaleza. Murió cuando su orden estaba a punto de hacerle provincial de la misma. Fue enterrado en el convento de los Agustinos de Salamanca y, tras su destrucción por las tropas francesas, trasladado a la Capilla del Edificio Histórico de la Universidad.

Sus temas fueron morales  y más preferidos y personales, fueron las odas que llegó a escribir, el deseo de la soledad y del retiro en la naturaleza, y la búsqueda de paz espiritual y de conocimiento (lo que él llamó la verdad pura sin velo), pues era hombre inquieto, apasionado y vehemente, aquejado por todo tipo de pasiones, y deseaba la soledad, la tranquilidad, la paz y el sosiego antes que toda cosa.

Vivir quiero conmigo, /gozar quiero del bien que debo al cielo, / a solas, sin testigo, / libre de amor, de celo, /de odio, de esperanzas, de recelo.

Este tema se reitera en toda su lírica, la búsqueda de serenidad, de calma, de tranquilidad para una naturaleza que, como la suya, era propensa a la pasión. Y ese consuelo y serenidad lo halla en los cielos o en la naturaleza:

 

Sierra que vas al cielo
altísima, y que gozas del sosiego
que no conoce el suelo,
adonde el vulgo ciego
ama el morir, ardiendo en vivo fuego:
recíbeme en tu cumbre,
recíbeme, que huyo perseguido
la errada muchedumbre,
el trabajar perdido,
la falsa paz, el mal no merecido.

Sus obras tuvieron una amplia difusión manuscrita, pero permanecieron inéditas hasta 1631, año en que Quevedo las imprimió por primera vez junto a  Sin embargo, los manuscritos más fieles a su obra son los conservados y copiados por su sobrino y correligionario, el fraile y teólogo agustino Basiliom Ponce de León. 

COMENTARIO DE Florián:

Los humanos hemos sufrido injusticias por sus ideas, pensamientos o interpretaciones de libros sagrados como el caso del fraile Luis, estas posiciones radicales dio lugar a terribles guerras en Occidente, al igual que hoy asombrados miramos a los seguidores del Corán segmentados por interpretaciones el la lectura de su libro sagrado. La actual Constitución Española y los Derechos Humanos ayudan a que al respeto de las ideas religiosas y políticas de los demás sean respetadas.

En el caso del fraile Luis, es atacado por la envidia de otro, está anomalía del envidioso es un  proceso mental, un sentimiento que no busca que a el le vaya mejor sino se siente mal por la felicidad del otro, lo que  hace sentirse triste al envidioso por el bien ajeno, porque otro tiene algo, en  unos casos sin necesariamente desear eso que el otro tiene, sino más bien por la felicidad del otro. En otras situaciones la envidia se puede encuadrar dentro de la emulación o deseo de poseer algo que otro no tiene, en este caso lo envidiado no es un sujeto sino un objeto material o intelectual.

Por  tanto la envidia sería el sentimiento de desagrado por no tener algo y además de eso el afán de poseer ese algo. Esto puede llegar a implicar el deseo de privar de ese algo al otro en el caso de que el objeto en disputa sea el único disponible, la envidia es un sentimiento que nunca produce nada positivo en el que lo padece sino una insalvable amargura.

Bertrand Russell sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad. Siendo universal es el más desafortunado aspecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia, sino que además alimenta el deseo de producir el mal a otros.

La envidia en los hombres muestra cuán desdichados se sienten, y su constante atención a lo que hacen o dejan de hacer los demás, muestra cuánto se aburren.

Arthur Schopenhauer (1788-1860) Filósofo alemán. 

 

 

La envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros.

Diógenes Laercio (S. III AC-?) Historiador griego.

 

La envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual.

   Miguel de Unamuno Filósofo y escritor español.

 

 

 

 

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