VOLTAIRE FRANÇOIS-MARIE AROUET.


Ciertas composiciones, como el Poema de Fontenoy (1745), le acabaron de introducir en la corte, para la que realizó misiones diplomáticas ante Federico II. Luis XV le nombró historiógrafo real, e ingresó en la Academia Francesa. Pero no logró atraerse a Mme. De Pompadour, quien protegía a Crébillon; su rivalidad con este dramaturgo le llevó a intentar desacreditarle. Su pérdida de prestigio en la corte movió a Voltaire a aceptar la invitación de Federico II. Durante su estancia en Potsdam escribió El siglo de Luis XIV (1751) y continuó, con Micro megas(1752), la serie de sus cuentos iniciada con Zadig (1748).

Después de una violenta ruptura con Federico II, Voltaire se instaló cerca de Ginebra. Su irrespetuoso poema sobre Juana de Arco, La doncella (1755), y su colaboración en la Enciclopediachocaron con el partido «devoto» de los católicos. Fruto de esta época fueron el Poema sobre el desastre de Lisboa y la novela corta Cándido o el optimismo, obra que será inmediatamente condenada en Ginebra por sus irónicas críticas y su sátira contra clérigos, nobles, reyes y militares.

Cuatro años después redactó el Tratado sobre la tolerancia, y en 1764, su Diccionario filosófico, que fue prohibido por la Iglesia y quemados en varios actos públicos. Desde entonces, siendo ya Voltaire un personaje famoso e influyente en la vida pública, intervino en distintos casos judiciales, como el caso Calas y el de La Barre, que estaba acusado de impiedad, defendiendo la tolerancia y la libertad a todo dogmatismo y fanatismo. Denunció con vehemencia los fallos y las injusticias de las sentencias judiciales (casos de Calas, Sirven, La Barre, etc.).

Voltaire alcanzó la celebridad gracias a sus escritos literarios y sobre todo filosóficos. Voltaire cree en un sentimiento universal e innato, que tiene que reflejarse en las leyes de todas las sociedades. La vida en común exige una convención, un «pacto social» para preservar el interés de cada uno. El instinto y la razón del individuo le llevan a respetar y promover tal pacto. El propósito de la moral es enseñarnos los principios de esta convivencia fructífera. La labor del hombre es tomar su destino en sus manos y mejorar su condición mediante la ciencia y la técnica, y embellecer su vida gracias a las artes.

Voltaire es deísta. Cree que Dios existe y creó el universo físico, pero no interfiere con él, no cree en la intervención divina en los asuntos humanos y no se encuentra satisfecho con su religión y se plantea constantemente sus principales afirmaciones. Piensas en la opción del ateísmo o un difuso agnosticismo, pero no le convencen en absoluto. Una filosofía y movimiento religiosos que deriva la existencia y naturaleza de Dios por la razón. En contraste con las enseñanzas del cristianismo, islamismo, y judaísmo, que sostiene que la religión depende tanto de la revelación de las sagradas escrituras o del testimonio de otra gente. Fue un ferviente opositor de la Iglesia católica, símbolo según él de la intolerancia y de la injusticia. Se empeña en luchar contra los errores judiciales y en ayudar a sus víctimas. Voltaire se convierte en el modelo para la sociedad liberal y anticlerical y en la pesadilla de los religiosos,  proporciono el concepto de tolerancia religiosa. Fue luchador contra la intolerancia y la superstición y siempre defendió la convivencia pacífica entre personas de distintas creencias y religiones.

Sus escritos siempre se caracterizaron por la llaneza del lenguaje huyendo de cualquier tipo de grandilocuencia. Maestro de la ironía, la utilizó siempre para defenderse de sus enemigos, de los que hacía burla demostrando en todo momento un finísimo sentido del humor. Voltaire encuentra en el pensamiento del filósofo inglés John Locke, una doctrina que se adapta perfectamente a su ideal positivo ya que se presenta como el defensor del liberalismo, afirmando que el pacto social no suprime los derechos naturales del individuo. En resumen, sólo aprendemos de la experiencia; todo lo que la supera sólo es hipótesis; el campo de alguien coincide con el de lo útil y de lo comprobable. Voltaire saca de esta doctrina la línea directriz de su moral: la labor del hombre es tomar en su mano su propio destino, mejorar su condición, garantizar, embellecer su vida con la ciencia, la industria, las artes y por una buena política de las sociedades.

A pesar de que se expresan por leyes particulares en cada país, la justicia, que asegura esta convención, es universal. El papel de la moral, según Voltaire, es enseñarnos los principios de esta «política» y de acostumbrarnos a respetarlos.

Hay que recordar el antisemitismo de Voltaire, sin minimizar el hecho, Voltaire no hizo sino suscribir una opinión ampliamente extendida entre sus contemporáneos.

Se instaló en la propiedad de Ferney, donde Voltaire vivió durante dieciocho años, allí construyo su refugio y convertido en el patriarca europeo de las letras y del nuevo espíritu crítico; allí recibió a la elite de los principales países de Europa, representó sus tragedias (Tancrède, 1760), mantuvo una copiosa correspondencia y multiplicó los escritos polémicos y subversivos, con el objetivo de «aplastar al infame», es decir, el fanatismo clerical. Se convirtió en un bienhechor del los habitantes de aquellas tierras malsanas, llenas de pantanos, llevó el agua potable, construyo escuelas, una fabrica de relojes, presto dinero sin intereses, liberó de los impuestos a sus vasallos, que, gracias a Voltaire, pudieron vivir mejor dedicándose a la agricultura y la relojería. Fue muy querido por los campesinos que le llamaban el Patriarca. Poco antes de morir (1778), se le hizo un recibimiento triunfal en París. En 1791, sus restos fueron trasladados al Panteón.

Era un hombre generoso, entusiasta y sentimental, rechazó todo lo que fuera irracional e incomprensible y animó a sus contemporáneos a luchar activamente contra la intolerancia, la tiranía y la superstición. Su moral estaba fundada en la creencia en la libertad de pensamiento y el respeto a todos los individuos, y sostuvo que la literatura debía ocuparse de los problemas de su tiempo.

Su amante la marquesa de Chatelet, con quien convivió seis años, era una inteligente mujer que escribía sobre temas de Newton. Voltaire escribió: “Admito que es una tirana/ para cortejarla/ debo hablar de metafísica/ cuando deseaba hacerlo de amor.

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