PIGMEOS, un dia en su campamento africano.


 

cabaña de pigmeo

cabaña de pigmeo

Los pigmeos son más claros que el resto de los africanos, los arqueólogos en  excavaciones egipcias de restos de hace al menos 4.500 años AC, en una tumba de la VI dinastía faraónica se puede ver la representación de un pequeño negroide y grabado “aka”, término que hoy denomina el más importantes grupo de pigmeos de África ecuatorial. En la antigua Grecia aparecen en relieves y cerámica pequeños humanos, designados con la palabra griega pygmaios (de pequeña talla, de un codo de alto), son mencionados por Homero, Herodoto, el propio Aristóteles, Plinio y Estragón. En el siglo XIX, los grandes exploradores Savoronan y Stanley los dan a conocer al mundo moderno.

Estamos en la selva tropical africana llena de perfumes exultantes de las plantas,  la luna ilumina el calvero del bosque y las sombras de las ramas de los árboles cortan el oscuro azul del cielo con un reflejo  rojizo estamos al sur de la Republica Centroafricana corazón de África lejos de la civilización, todos los asistentes son pigmeos ellos prefieren ser llamados “AKA”, solo miden aproximadamente 1,40 metros.  Los acogidos como invitados, somos una pareja de madereros desviados  en su viaje de regreso por la crecida de un río, vamos acompañados de un guía y cazador pigmeo.

Antigua foto de los exploradores.

Antigua foto de los exploradores.

Estamos en el limite de un terreno que pertenece a una concesión maderera, alguien enciende una pipa de tabaco hecha por ellos con madera dura, un blanco europeo busca en su mochila Autan y se frota como repelente de insectos, los africanos miran curiosos y cuando se les ofrece por cortesía, el frasco queda vacío en un momento, lo huelen y se ríen, mostrando sus dientes limados en triangulo que son para ellos referente de belleza y coquetería.

Cuando veniamos atravesando la selva a machete, solo avisados por un ruido ligero casi imperceptible de pisar hojas secas, nos hemos encontrado frente a unos cazadores pigmeos que portaban entre seis un hermoso antílope, que pesaría al menos cincuenta kilos, otro lleva cargado sobre la espalda tres aves del tamaño de una gallina. Llevan rifles y lanzas, y redes que se fabrican con fibras vegetales, el arco, el lazo y la ballesta, son magníficos cazadores, cada disparo o flecha es una pieza abatida. Solo cazan lo necesario para satisfacer sus necesidades diarias. Antes de entrar en la selva, realizan ritos acompañados de cantos, para poner de su parte a los espíritus, a los que llaman mimbo, sin su acuerdo y benevolencia, la caza sería estéril y peligrosa.

Continuamos juntos, despues de saludarnos, al rato los africanos empiezan a cantar para encontrar el amparo del Jeng, (el espíritu de la selva). Está anocheciendo y pasamos bajo enormes árboles que tienen una altura de 40 a 60 metros. La temperatura es elevada, y la atmósfera  empapada de humedad. Los africanos están casi desnudos y los visitantes vestidos con prendas de algodón que no nos quitamos para evitar ser picados por los voraces mosquitos que de forma permanente te asedian, los africanos no les prestan atención, están acostumbrados. De pronto un grito, un animal rompe el silencio de la noche, los blancos, quedamos sobrecogidos al escuchar el grito de un ave nocturna que ha tomado una presa.

En el poblado

En un poblado pigmeo (No es en el que estuve, porque desafortunadamente no llevaba la camara)

Nuestro Aka, nos explica que los cazadores parten cada mañana, marchan en silencio y el primero que descubre una presa se lo indica a los otros haciendo signos codificados con la mano, para que sepan de que se trata. Cuando han rodeado la pieza, uno de ellos se levanta de pronto y corre tras el animal que huye hacia los cazadores. Jabalís verrugosos, gorilas y hasta elefantes caen acribillados por sus lanzas y sus flechas envenenadas. El veneno lo fabrican con una mezca de la savia de lianas, las nueces del árbol Beté, y el strophantus, que son flores que cuando están fecundadas  producen semillas que se caracterizan por terminar en un estilete delgado plumoso y son la parte de la planta utilizada en medicina, contienen dos potentes alcaloides, que se utilizan como cardiotónicos en algunos países y forman parte de remedios homeopáticos. 

Mientras tanto, las mujeres pescan, recogen ñame, hojas de liana de coco, frutos secos y setas, atrapan pequeños roedores, tortugas, caracoles, orugas o termitas. Los niños intentan atrapar a los pájaros disparándoles con sus pequeños arcos. Pero sólo los hombres recolectan la miel de las abejas salvajes, su alimento preferido. Con la ayuda de una liana, suben a los árboles más altos, llevando en su peligrosa ascensión brasas humeantes envueltas en hojas verdes para calmar al enjambre.

Cuando llegamos al poblado es tarde, el guia dice vamos a cenar, sentados en el suelo un grupo de personas, son veintidós, más tres transeúntes invitados. Están junto al fuego, que sirve para cocinar  carne de una marmita, es un trozo de mono, los europeos visitante sentimos un estremecimiento a ver una cabeza casi humana movida en la cacerola por el borboteo del agua hirviendo, nos miramos resignados y decidimos sacar de la mochila latas de sardinas, gallestas y cacahuetes tostados, que a poco tocamos al compartirlas con todos, yo cene una hermosa piña tropical. El anciano canta las palabras de un bello poema el Kmvum: “Te doy todos los frutos de la selva, todos los frutos de la cosecha, todos los animales que caminan, que corren y que vuelan. Te los doy todos y jamás el hambre entrará en tu vientre… Y los árboles serán tu abrigo”.

Los pigmeos viven en una zona que rodea el oeste de África ecuatorial, en Camerún, la zona Congo, Gabón y la República Centroafricana. Hay poblaciones sedentarias, que han encontrado ocupación en las explotaciones  agrícolas del entorno. Y como guías de las empresas madereras y mineras, son imprescindibles, conocen el bosque en sus más mínimos detalles. Otros viven como siempre lo han hecho sus ancestros, emigrando a distancias cortas en busca constante de la caza y de las frutas o verduras que le ofrece la naturaleza, en libertad, sin estar supeditados  a formas de vivir rígida, son solitarios y gustan poco de extraños, a nosotros nos aceptan porque nos acompaña el cazador aka, responsable de servir la carne a la explotación y que hoy nos sirve de guía.

Solo quedan unos 170.000 pigmeos, la mayor parte sin censar y sin documentación. Acosados por las enfermedades solo cuentan con las medicinas tradicionales, empujados por el excesivo  consumo del alcohol que ellos fabrican con la savia de palma, a veces tomando drogas, y escasos de caza, ya que los animales huyen por el ruido de las maquinas de la explotación maderera, solo los curiosos monos y los pájaros permanecen, las épocas secas les impide de los alimentos vegetales que de forma espontánea les ofrece la tierra, y su escaso número de hijos vivos, anuncian una reducción de la población, a causa del progreso y de la evolución climática  que le está privando de los privilegios de su dominio a la Naturaleza.

El grupo eligió para acampar un sitio adecuado para una temporada que no será larga, en un lugar no inundadle ya que las lluvias, a menudo torrenciales anegan los terrenos. Las chozas semiesféricas tradicionales se llaman mongulu y su montaje lo realizan las mujeres, son capaces de montarla en menos de dos horas con una técnica meticulosa, tras haber limpiado cuidadosamente el suelo de hojas y raíces cortan a machete árboles jóvenes, de unos tres metros  de alto de troncos flexibles que colocan en un circulo de tres metros de diámetro, para después curvarlos y formar arcos. A continuación, ponen entre esa estructura una cobertura de ramas finas. Un espeso colchón de hojas de amarantáceas tropicales asegura al tejado y a las paredes una perfecta impermeabilidad. Y si la familia crece, no cuesta nada abrir una puerta en una de las paredes y construir otra choza comunicada.

Cada mongulu tiene en el centro continuamente encendida una lumbre para calentar y secar la tienda. El humo, que se concentra en el techo, es esencial para la conservación de la cabaña, además de matar los insectos y ahumar los alimentos perecederos. A ambos lados del fuego, las camas están delimitadas por grandes montones de hojas secas, todo ello recubierto con una estera. La única entrada a la tienda con una endeble puerta de cañas que mira hacia el centro del campamento. Las familias no tienen nada que ocultar porque lo comparten todo. Dentro del pequeño poblado hay chozas para los hombres solteros que miran hacia el bosque, otra para los niños y niñas que dejados por sus padres comparten el mismo habitáculo.

No es posible para un europeo dormir en comodidad, nos acostamos vestidos, yo con las piernas dobladas, porque la esterilla me molestaba en las piernas, como cabecera la mochila, al amanecer fui al río, donde presencie un hermoso amanecer y me decidi a tomar un baño, en un remanso había una poceta,  allí me metí, cuando me gire, vi. al guardian del poblado con sus armas de guerrero que me observaba, estaba sentado en cuclillas y llevaba un arco y flechas, me sentí agradecido por la protección. El pigmeo me hace señales con las manos que no entiendo, y se acerca a mi tirando de mi brazo para sacarme, cuando llegamos al poblado habla en mi presencia con el cazador de la empresa maderera, yo estoy expectante, al final nuestro aka, me dice que habia cocodrilos en el rio. El francés que me acompañaba se rie al ver mi cara. 

Empieza a llover fuerte, de pronto un rayo cae cerca, y un trueno retumba en el bosque, los pigmeos no tienen miedo de los rayos y ven en el arco iris una manifestación divina a la que saludan con cantos. Dios les ha creado libres y dueños de la selva. Hoy que las compañías madereras cierran explotaciones, la naturaleza vuelve generosa en su desarrollo y recupera despacio lo que perdió  los atentados por la codicia humana.         El anciano canta: “Los pigmeos son los dueños del tiempo, desde el principio al final”.

COMENTARIO FINAL:

Si, son dueños del mundo natural, de los profundos y aislados rincones de la selva profunda, donde nadie se ateve a vivir. Donde permanecen en contacto de la naturaleza con los medios de vida  y costumbres que  han permanecido sobrevivir a través de lo tiempos. Esta noche he estado inmersos en una cultura anterior a nosotros y diferente, solo rota por nuestra visita y por lo que transportabamos de productos procedentes de lo que llamamos civilización. Fué una experiencia corta, pero inolvidable. 

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8 comentarios en “PIGMEOS, un dia en su campamento africano.

  1. Florián, creo que tienes material para comenzar,si no los has hecho ya, a pensar en escribir un libro de…vivencias (que no memorias).

  2. Estoy de acuerdo con Guillermo, yo tambien lo había pensado. Deberias pensar en escribir un libro, maaterial no te falta.

  3. Necesito su ayuda, necesito saber el nombre de algún antropólogo que haya investigado a los mbuti y la época. Ya tengo a Turnbull, pero necesito otro más. Alguien me puede ayudar?
    Gracias.

  4. Contestación a Alejandra.

    Tengo nota de un libro que no he leído del antropólogo Tshilemalema Mukenge , titulado Culture and Customs of the Congo.

    Saludos y suerte.

  5. Vieux renard Florián, todavia andas con tus recuerdos y estudios antróplogicos, pues muy bien me ha gustado, Avant. Salutations.

  6. Que dulce explicación con respeto cultural y bella descripción.

    Felicidades

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